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Caldo casero con recortes: qué usar, qué evitar y cómo conservarlo

Cómo hacer caldo casero con recortes limpios, qué partes evitar, cómo reducirlo y enfriarlo en porciones para heladera o freezer de forma segura.

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Olla con caldo casero dorado y transparente junto a un colador
Q Company

⏱️ Preparación: 30 min 🔥 Cocción: 50 min

Ingredientes

  • 800 g a 1 kg de recortes de verduras y huesos (cebolla, zanahoria, puerro, apio, tallos de hierbas, huesos de pollo o carne)
  • 2 a 2,5 litros de agua fría
  • 1 hoja de laurel
  • granos de pimienta a gusto
  • tomillo a gusto (opcional)

Preparación

  1. Reunir en un recipiente los recortes limpios de cebolla, zanahoria, puerro, apio, tallos de hierbas y huesos aptos, lavados y sin partes en mal estado.
  2. Colocar los recortes y huesos en una olla de unos 4 litros y cubrir con el agua fría.
  3. Sumar la hoja de laurel, los granos de pimienta y el tomillo si se desea, sin agregar sal.
  4. Llevar a hervor y bajar enseguida a fuego suave, espumando si aparece suciedad o proteínas coaguladas.
  5. Cocinar con la tapa entreabierta durante 40 a 60 minutos si es de verduras, o más tiempo si lleva huesos, hasta lograr aroma y cuerpo.
  6. Colar retirando primero las piezas grandes con pinza y pasando el líquido por un colador fino.
  7. Enfriar rápido dividiendo en recipientes bajos, idealmente en baño de agua con hielo, antes de refrigerar.
  8. Porcionar y congelar en cantidades útiles, rotulando tipo, fecha y si tiene sal.

Caldo casero con recortes: qué usar, qué evitar y cómo conservarlo

Respuesta inmediata: guardá recortes limpios de cebolla, zanahoria, puerro, apio, tallos de hierbas y huesos aptos; cubrilos con agua fría, llevá a hervor suave y cociná sin violencia. Colá, enfriá rápido y porcioná. No uses verduras con moho, baba u olor extraño, restos que volvieron del plato ni huesos que quedaron horas fuera de frío. El caldo aprovecha partes sanas: no convierte descarte en alimento seguro.

Armar una bolsa de recortes útil

Durante la preparación, separá extremos lavados de zanahoria, capas externas sanas de cebolla, parte verde de puerro, tallos de perejil, apio y hongos. Guardalos en recipiente cerrado en freezer, rotulado “caldo”. Cortá piezas grandes para que ocupen menos. Congelá mientras están frescas, no cuando ya muestran deterioro.

Lavá verduras antes de pelar para no llevar tierra a la bolsa. La piel fina de zanahoria puede entrar; la de cebolla aporta color en poca cantidad. Tallos de acelga, brócoli o coliflor dan personalidad fuerte: usalos solo si querés ese sabor. Una bolsa equilibrada no es un tacho donde cae todo.

Para caldo de carne o pollo, usá huesos crudos refrigerados o huesos de una comida que fueron retirados y enfriados a tiempo. No uses huesos chupados, restos de platos individuales ni piezas que pasaron la sobremesa. Separá crudos de verduras listas para comer y lavá manos, tabla y cuchillo.

Qué evitar

Descartá verduras con moho visible, baba, putrefacción o olor fermentado. El hervor no neutraliza cualquier deterioro ni todos los compuestos producidos antes. Evitá papas en exceso porque enturbian y espesan; hojas muy amargas; mucha remolacha si no querés color dominante; cítricos con parte blanca abundante; y grandes cantidades de repollo.

No agregues grasa rancia, piel de pollo en exceso ni huesos quemados. Una pequeña caramelización aporta fondo; lo carbonizado amarga. Tampoco vuelques salsa salada, aderezos o jugos de una fuente servida. El caldo base debe quedar relativamente neutro para convertirse después en sopa, risotto, guiso o salsa.

Proporción y olla

Llená hasta la mitad o dos tercios con sólidos y cubrí apenas con agua fría. Demasiada agua produce un líquido débil que exige horas de reducción. Para una olla de 4 litros, unos 800 g a 1 kg de verduras y huesos combinados con 2 a 2,5 litros de agua son un punto de partida, no una fórmula rígida.

Sumá una hoja de laurel, granos de pimienta o tomillo. Evitá salar al principio: si reducís a la mitad, la sal también se concentra. Usá olla amplia, dejá espacio para hervor y no cierres herméticamente una olla común. En olla a presión, seguí capacidad y manual del fabricante.

Cocción suave

Llevá a hervor y bajá enseguida. Un burbujeo suave extrae sabor sin romper todo ni emulsionar grasa. Espumá si aparece suciedad o proteínas coaguladas. Un caldo de verduras puede quedar listo en 40 a 60 minutos; uno con huesos necesita más. Probá aroma y cuerpo en lugar de sostener una cocción interminable.

No agregues agua fría repetidamente salvo que los sólidos queden expuestos. Mantené tapa entreabierta si querés algo de concentración. Si el olor se vuelve amargo, colá: más tiempo no siempre da más sabor. Retirá con pinza piezas grandes y pasá por colador fino.

Desgrasar y reducir

Para un caldo de huesos, podés retirar grasa en caliente con cuchara o enfriar y levantar la capa solidificada. No elimines toda si buscás sabor, pero una película excesiva dificulta uso. Después de colar, herví el líquido solo para reducir. Medí volumen inicial y final: si pasás de 2 litros a 1, sabés que cada taza concentrada equivale aproximadamente a dos del original.

No sales antes de probar el concentrado. Para cubos caseros, reducí hasta sabor intenso, enfriá y congelá en moldes aptos; no pretendas que sean estables a temperatura ambiente. Rotulá “concentrado 2:1” para recordar dilución.

Enfriado seguro

ANMAT recomienda dividir preparados en porciones pequeñas y recipientes bajos, refrigerar cuanto antes y evitar más de dos horas a temperatura ambiente. Una olla profunda de caldo conserva calor en el centro. Podés apoyar recipientes dentro de un baño de agua con hielo y revolver con utensilio limpio, evitando que entre agua.

Llevá a heladera, dejá espacio para circulación y tapá cuando corresponda. No apiles litros tibios en freezer. Si el caldo contiene carne, mantenelo separado de crudos. Si la historia de tiempo y temperatura es incierta, no lo hiervas de nuevo para “salvarlo”.

Porciones para usos argentinos

Congelá 240 ml para risotto o salsa, 500 ml para sopa de dos porciones y cubos para desglasar. En bolsas aptas, formá placas planas; en frascos o vidrio, dejá expansión y verificá aptitud. Escribí tipo, fecha, si tiene sal y concentración.

Para usar, descongelá en heladera o calentá una porción pequeña directamente en olla. ANMAT desaconseja descongelar sobre la mesada. Llevá a hervor cuando la receta lo requiera y sumá ingredientes frescos.

Errores frecuentes

Guardar una bolsa sin fecha durante meses; incluir verduras sin lavar; usar restos de plato; hervir con violencia; salar antes de reducir; enfriar dentro de la olla; llenar vidrio hasta el borde; y confundir reducción con conservación a temperatura ambiente.

Cierre práctico

Empezá una bolsa con solo cinco recortes conocidos. Cuando llegue a 800 g, prepará una olla, medí rendimiento y congelá tres tamaños. Un caldo útil nace de selección y método, no de la cantidad de cosas que lográs esconder.

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