La playa fluvial de Mega Fundeira y el curioso pueblo de Picha: un paraíso escondido en Portugal
En pleno interior portugués, junto a la Estrada Nacional 2, se esconde una playa de agua cristalina del río Zêzere rodeada de un pueblo cuyo nombre genera sonrisas desde hace siglos.
Recuerdo un verano en que cruzamos la frontera con Portugal buscando alivio al calor que asaba las rutas del centro del país. Veníamos de recorrer caminos secundarios, parando en aldeas donde el tiempo parecía detenido, y de repente, en el kilómetro 306 de la mítica Estrada Nacional 2, apareció un cartel que nos hizo sonreír: Picha. Poco después descubrimos que al lado de esa aldea de medio centenar de habitantes se escondía una de las aguas más transparentes y frías que habíamos visto en mucho tiempo: la playa fluvial de Mega Fundeira.
Con las temperaturas rozando los 40 grados en buena parte de Portugal durante el verano de 2026, no todas las opciones para refrescarse son iguales. Mientras algunas playas sirven solo para mojarse rápido, Mega Fundeira merece la pena por sí misma. Sus aguas provienen del río Zêzere y el ayuntamiento de Pedrógão Grande garantiza su excelente calidad. El lugar es pequeño, casi íntimo, pero la nitidez del agua y el entorno verde lo convierten en un descubrimiento que ya circula fuerte en redes sociales.
El vídeo de un usuario de TikTok que la describió como “pequeñita, pero con una de las aguas más bonitas” en las que se bañó fue el impulso que necesitaba este rincón para empezar a aparecer en las recomendaciones de viajeros que buscan alternativas a las playas del Algarve. Situada en el municipio de Pedrógão Grande, distrito de Leiria, la playa cuenta con zona de picnic, césped, barbacoas, un bar con terraza y hasta un molino de rodezno recuperado que recuerda la vida rural de antaño.
Quien no se conforme solo con nadar puede tomar el Sendero de Mega Fundeira, una ruta corta que bordea el arroyo y permite conocer tanto la naturaleza como el patrimonio hidráulico que históricamente dependió de estas corrientes. Es un paseo ideal para estirar las piernas después de un chapuzón en aguas que, por provenir del interior, se mantienen notablemente frías incluso en pleno agosto.
Pero lo que realmente llama la atención de cualquier visitante hispanohablante es el nombre del pueblo. Picha, en portugués coloquial, tiene el mismo significado picaresco que en gallego o en ciertas regiones de España. Lejos de avergonzarse, los “pichenses” lo llevan con humor desde hace generaciones. La economía local giró durante siglos en torno a la extracción de resina de pino: cada árbol llevaba un pequeño recipiente metálico clavado que se llamaba, precisamente, “picha”. De ahí vendría el topónimo, según las versiones más aceptadas.
La zona acumula varios nombres curiosos: Venda da Gaita, Derreada o Vale da Rata. En su momento hasta se impulsó una recogida de firmas para renombrar el pueblo como Pénis, idea que finalmente no prosperó. Hoy el único comercio del lugar es el Café da Picha, un restaurante junto a la EN2 que recibe a los viajeros con el mismo sentido del humor que caracteriza a sus vecinos.
Mega Fundeira es una de esas paradas que justifican desviarse de las rutas más transitadas. No tiene el tamaño de las grandes playas fluviales del interior, pero su combinación de agua cristalina, infraestructura sencilla y la anécdota del nombre la convierten en un destino memorable para quien viaja por el Portugal más auténtico y menos visitado.
Si planeás un road trip por la Estrada Nacional 2 este verano, anotá el kilómetro 306. Llevá toalla, algo para picar y preparate para sonreír cada vez que alguien te pregunte de dónde venís. Y si querés alargar la escapada, la región de Pedrógão Grande ofrece varias piscinas naturales y senderos que siguen el curso del Zêzere, siempre con ese sabor a Portugal rural que tanto cuesta encontrar en los circuitos masivos.