Dip de calabacín asado: receta para aprovechar el exceso de verdura del verano
Cuando te regalan calabacines gigantes del huerto, esta versión inspirada en Ottolenghi es la solución perfecta. Un dip cremoso estilo baba ganoush que reduce mucho el volumen y se prepara con ingredientes que ya tenés en casa.
Ingredientes
- 2 kg de calabacines
- 4 cucharadas de aceite de oliva
- 2 cucharadas de tahini
- Jugo de 1 limón
- Sal y pimienta a gusto
- 2 cucharadas de piñones
- 1 cucharadita de semillas de sésamo tostadas
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- Cilantro fresco picado para decorar
Preparación
- Cortar los calabacines en trozos generosos y colocarlos en una bandeja para horno.
- Salpimentar y regar con aceite de oliva, asegurando que todos los trozos queden bien cubiertos.
- Hornear a 200°C por aproximadamente 40 minutos, dando vuelta los trozos a mitad de cocción hasta que estén tiernos y dorados.
- Retirar del horno y presionar los trozos con una espátula para que suelten el exceso de agua.
- Dejar templar unos minutos y luego desmenuzar la pulpa con un tenedor, sin hacer un puré fino. Retirar la piel si se prefiere.
- Mezclar la pulpa con el jugo de limón, el tahini, sal y un chorro de aceite de oliva. Ajustar cantidades según la textura.
- Tostar los piñones en una sartén seca hasta que tomen color, sin quemarlos.
- En la misma sartén, calentar un poco de aceite con pimentón, retirar del fuego y agregar las semillas de sésamo y los piñones para que se impregnen.
- Verter el aceite especiado sobre el dip y finalizar con cilantro fresco picado.
- Servir con pan de masa madre tostado o pan pita.
El verano pasado, un amigo de Arroyito me apareció con una bolsa repleta de calabacines enormes de su huerta. Eran tantos que no sabía dónde guardarlos. Esa misma tarde recordé las vueltas que daba mi viejo por los pueblos de Santa Fe cargando cajones de verdura que le regalaban en los almacenes de ruta. Siempre decía lo mismo: "lo que sobra, hay que transformarlo".
Esta receta es exactamente eso. Una versión del clásico baba ganoush libanés pero hecha con calabacín asado, inspirada en las propuestas de Ottolenghi que tanto circulan. Lo mejor es que los calabacines se reducen muchísimo en el horno: de dos kilos crudos podés terminar con menos de 500 gramos de pulpa concentrada. Ideal cuando la heladera está invadida de verdura que no sabés cómo usar.
El proceso es simple y práctico para cualquier martes a la noche. Cortá los calabacines en trozos grandes, salpimentá generosamente y rociá con abundante aceite de oliva. Llevalos al horno precalentado a 200°C hasta que queden bien tiernos y dorados, dándoles una vuelta a mitad de cocción para que se cocinen de forma pareja. Una vez fuera del horno, el paso clave es presionar los trozos con una espátula para que suelten toda el agua posible. Eso evita que el dip quede aguado y le da la textura perfecta.
Dejá que se templen unos minutos y luego deshilachá la pulpa con un tenedor. No busques un puré liso; los trocitos le dan carácter. Mezclá con jugo de limón, tahini, sal y un buen chorro de aceite de oliva extra virgen. Probá y ajustá las cantidades según la humedad que haya soltado tu calabacín; a veces hace falta un poco más de tahini para equilibrar.
El topping es lo que termina de redondear el plato. Tostá piñones en seco hasta que tomen color, cuidando que no se quemen. En la misma sartén calentá un poco de aceite con pimentón, retirá del fuego y agregá semillas de sésamo tostadas junto con los piñones para que se impregnen del aroma. Verté este aceite especiado sobre el dip y terminá con cilantro fresco picado. El contraste de texturas y sabores es imbatible.
Este dip pide pan a gritos. Una hogaza de masa madre bien tostada es lo ideal, aunque también queda espectacular con pan pita casero calentito. Sirvelo como entrada, para picar con amigos o como acompañamiento de carnes a la parrilla. Es 100% vegetal, económico y una forma inteligente de no desperdiciar lo que la tierra nos regala.
Si conseguís calabacines de huerta propia o de feria, mejor todavía. El producto regional siempre marca la diferencia. Variante santafesina: probá agregando un toque de ají molido chaqueño al aceite especiado para darle un guiño local y picante.