Salsa de almendras: receta casera fácil y cómo usarla en tus platos
Una salsa cremosa, suave y con carácter que transforma el pollo, el pescado o las verduras en una comida de barrio bien rica. Te contamos cómo hacerla en casa sin complicaciones y las mejores formas de aprovecharla.
Ingredientes
- 100 g de almendras crudas
- 1 cebolla mediana
- 2 dientes de ajo
- 1 rebanada de pan de ayer (aprox. 40 g)
- 400 ml de caldo de pollo o vegetal
- 50 ml de vino blanco (opcional)
- 4 cucharadas de aceite de oliva
- Sal y pimienta a gusto
- Una pizca de nuez moscada (opcional)
Preparación
- Tostá las almendras en una sartén seca a fuego medio hasta que tomen color dorado. Retiralas y dejá que se enfríen.
- En la misma sartén poné el aceite y sofreí la cebolla y los ajos picados bien finos hasta que estén transparentes.
- Agregá el pan en trozos y dejalo que se dore un poco junto con la cebolla.
- Incorporá las almendras tostadas y mezclá todo. Si usás vino blanco, agregalo ahora y dejá que evapore el alcohol.
- Verté el caldo caliente, salpimentá y cociná a fuego bajo unos 10 minutos para que se integren los sabores.
- Procesá todo con mixer o licuadora hasta obtener una salsa cremosa. Si queda muy espesa agregá un poco más de caldo.
- Volvé a poner la salsa en la sartén, rectificá sal y pimienta y cociná 5 minutos más a fuego suave. Serví caliente.
Si hay algo que me recuerda a las comidas de mi vieja es una salsa que no necesita mil ingredientes para quedar riquísima. La salsa de almendras es una de esas preparaciones que en casa de mi mamá aparecía para salvar un pollo medio seco o unas albóndigas del domingo. No es complicada, no pide bazar de especias ni electrodomésticos caros. Solo una sartén, fuego bajo y ganas de comer bien.
Según cuenta Paulina Cocina, esta salsa es de las más subestimadas de la cocina española tradicional, pero en Argentina la adoptamos rápido porque combina perfecto con lo nuestro: desde un buen corte de carne hasta un pescado del día o hasta el cardo que sobró de las Fiestas. Lo mejor es que la podés hacer un martes a la noche después de llegar cansada del trabajo.
El secreto está en tostar las almendras apenas para que suelten su aroma sin quemarse. Después se muelen y se cocinan con un sofrito suave. El resultado es una salsa que conversa con el plato en lugar de taparlo. Queda cremosa, con un punto dulce natural y un fondo que te hace repetir el pan en el plato.
Variaciones según lo que tengas en la heladera
Si estás haciendo pollo al horno, agregale un chorrito de vino blanco al final y dejala reducir. Para pescado como merluza o rape, mejor que quede más liviana: usá más caldo y menos pan. Las albóndigas de carne la agradecen espesa, casi como un guiso. Y si querés usarla con verduras, como un cardo navideño o unas zanahorias asadas, agregale un toque de nuez moscada rallada en el momento. Queda bárbaro.
Un tip de barrio que nunca falla: si te quedó muy espesa, salvála con un chorrito de leche. Si te quedó muy clara, tostá una rebanada más de pan y moléla. Así de simple.
En mi casa la hacemos a veces con almendras fileteadas que sobraron de un postre. Otras veces con las enteras que compramos en el chino de la esquina. Siempre sale bien. Y lo mejor es que se guarda dos o tres días en la heladera sin problema. La calentás a fuego muy bajito con un poquito de agua o caldo y vuelve a quedar como recién hecha.
Esta receta no es para anotar en un libro de alta cocina. Es para imprimir, pegar en la puerta de la alacena y usar cada vez que querés que la comida de todos los días tenga un poco más de gracia. Porque la cocina rica no siempre necesita ingredientes caros, a veces alcanza con una buena salsa de almendras.