Entre brasas, estrellas y nuevos sabores: cinco restaurantes para un Buenos Aires distinto
De asados con historia en barrios populares a propuestas con estrella Michelin y fusiones que miran al futuro, te proponemos cinco mesas que muestran un Buenos Aires que va más allá de los clásicos.
Aquella vez que mi viejo, viajante de comercio, me llevó por la ruta 9 hasta San Pedro en pleno julio, paramos en un parador de camioneros donde el asado se cocinaba sobre brasas de quebracho colorado. El olor se metía en la cabina del Dodge y no se iba más. Esa escena me vuelve cada vez que alguien habla de “comer en Buenos Aires”. Porque más allá de las luces de Puerto Madero o los manteles blancos del centro, la ciudad guarda fogones, hornos de barro y cocinas que siguen contando historias de rutas y barrios.
Con el otoño porteño ya instalado en 2026, es buen momento para salir a descubrir mesas que se corren del circuito turístico clásico. Algunas con estrella Michelin, otras con fuego criollo y todas con un sello bien local. Acá van cinco propuestas para conocer un Buenos Aires diferente.
1. Parrilla en Villa Crespo con raíz de barrio En un local chico de la calle Thames, la parrilla El Preferido de la Carnicería mantiene la tradición de los asados de barrio pero con un guiño contemporáneo. El chorizo se hace con carne de novillo de raza argentina criado en la pampa húmeda y el vacío se cocina lento sobre brasas de leña de algarrobo. El dato curioso: el local funcionó como almacén de ramos generales a principios del siglo XX. Hoy sirve también una provoleta con orégano de Sierra de la Ventana que merece el viaje.
2. Alta cocina con estrella en Recoleta Don Julio, ya consolidado con su estrella Michelin, sigue siendo la referencia cuando se busca excelencia argentina elevada. El ojo de bife llega de un campo de Chubut y se cocina con la precisión que pide la guía francesa, pero sin perder el alma de parrilla. El servicio es atento sin ser solemne y la carta de vinos, casi toda de bodegas nacionales, permite descubrir malbecs de altura de Cafayate o pinot noir de la Patagonia. Ideal para quien quiere entender por qué el asado argentino dio el salto a la alta cocina.
3. Cocina de fuego y producto regional en Palermo En Niño Gordo, el chef Germán Sitz propone una experiencia alrededor del fuego que remite a las antiguas estancias pero con técnica actual. Usan leña de diferentes regiones: quebracho del Chaco para los cortes más duros, algarrobo santiagueño para ahumar y hasta espinillo de Entre Ríos. El dato futbolero: el local queda a pocas cuadras de la cancha de Atlanta, y muchos hinchas terminan la jornada ahí con un plato de mollejas y un vino de la casa. La verdura de estación viene de huertas de La Plata, cerrando el círculo productivo.
4. Propuesta marina con toques porteños Lele de Troya, en el barrio de Villa Urquiza, se animó a poner el foco en el pescado y marisco fresco que llega diariamente del puerto de Mar del Plata. La corvina se cocina a la brasa con manteca de achiote y hierbas de la costa bonaerense. Es una mesa que muestra cómo Buenos Aires, ciudad de río, puede recuperar su vínculo con el mar sin caer en clichés. El ambiente es descontracturado y los precios, más accesibles que en la mayoría de los lugares con estrella.
5. Fusión contemporánea con historia inmigrante En La Maroma, en San Telmo, el chef combina técnicas francesas aprendidas en Europa con ingredientes que su abuela traía del mercado de Abasto: mondongo, humita, chorizo colorado. El resultado es una cocina que dialoga con la identidad porteña sin solemnidad. El postre de queso y membrillo con un toque de fernet Branca rinde homenaje a la tradición del barrio y al clásico digestivo argentino.
Caminar Buenos Aires con el olfato abierto sigue siendo la mejor forma de conocerla. Estos cinco lugares, cada uno a su manera, muestran que la ciudad no se agota en los clásicos de siempre. Hay brasas nuevas, sabores que vienen del interior y cocineros que, como mi viejo en la ruta, siguen recorriendo caminos para traer lo mejor de cada provincia.
Si querés probar algo parecido cerca de tu casa, buscá carnicerías de barrio que trabajen con productores de carne de pastura; el sabor cambia notablemente. Y si pasás por Rosario, no dejes de probar el asado a la cruz en algún puesto de la costanera: el mismo fuego, otra orilla.