La nueva vida de Déborah de Corral: de las pasarelas a la cocina argentina en Miami
A los 51 años, la ex modelo argentina dejó las pasarelas y se reinventó con un restaurante en Miami donde celebra la gastronomía de siempre. Una historia de barrio, sabores heredados y coraje para empezar de cero.
A los 51 años, Déborah de Corral decidió que las pasarelas ya habían cumplido su ciclo. La modelo que brilló en los 90 y 2000 en la Argentina y el exterior colgó las zapatillas de tacón alto y se puso el delantal. Hoy vive en Miami y lleva adelante un restaurante donde la comida argentina es la gran protagonista.
El cambio no fue capricho. Después de años de viajes, sesiones de fotos y desfiles, Déborah empezó a extrañar la cocina de casa. Esa que su mamá y su abuela preparaban los domingos en Lanús o en cualquier barrio argentino: un guiso que reconforta, un asado bien criollo o unas empanadas jugosas. En Miami, donde vive desde hace tiempo, encontró la forma de llevar esos sabores a la mesa de mucha gente que también extraña la comida de la patria.
El local no es un bistró de lujo con precios que asustan. Es un lugar cálido, con mesas donde se puede charlar y platos que cualquiera reconoce. En el menú hay clásicos como el bife de chorizo con chimichurri, provoleta, matambre y esas milanesas que quedan crujientes por fuera y tiernas por dentro. También hay opciones más frescas y algunos platos que Déborah fue adaptando con lo que se consigue fácil en los Estados Unidos sin perder la esencia.
Ella misma cuenta que la cocina siempre fue su refugio. Cuando volvía de un desfile cansada, lo que más le gustaba era prepararse algo simple en la olla. Con el tiempo esa pasión se fue haciendo más grande. Tomó cursos, experimentó recetas y finalmente se animó a abrir su propio espacio. No fue fácil: empezar un restaurante en otro país, con otra cultura y a una edad en la que muchos piensan en bajar el ritmo, tiene sus desafíos. Pero Déborah lo tomó con la misma garra que tenía cuando caminaba por la pasarela.
Lo interesante es que su historia conecta con lo que muchos argentinos viven afuera. Extrañar el asado del domingo, el dulce de leche de verdad o un mate compartido. Su restaurante se convirtió en un pedacito de barrio porteño o bonaerense en pleno Miami. Los fines de semana se llena de familias que van a comer algo rico y sentir que están un poco más cerca de casa.
Además de atender el lugar, Déborah sigue compartiendo recetas en redes. Cosas prácticas, sin vueltas, para que cualquiera las pueda hacer aunque llegue cansado del laburo. Un locro para el invierno, una tarta de verduras económica o trucos para que la salsa de los fideos quede como la de la abuela. Porque al final, la cocina siempre fue eso: una forma de cuidar y de transmitir amor.
A los 51 años, Déborah muestra que reinventarse es posible. De las luces de los flashes a los fuegos de la cocina, su camino demuestra que los sabores de siempre siguen siendo los más poderosos. Y que nunca es tarde para volver a lo que realmente nos hace felices.