Orgullo argentino: la chocotorta quedó en el podio de las mejores tortas de chocolate del mundo
Un ranking internacional ubicó a nuestra clásica chocotorta entre las tres mejores tortas de chocolate a nivel global. Una receta casera, económica y llena de historia que sigue conquistando paladares.
Hace unos años, en uno de esos viajes de invierno que hacíamos con mi viejo por la ruta 33, paramos en un parador cerca de Venado Tuerto. En la vitrina había una torta de bizcochitos de chocolate con una pinta que no se podía resistir. El mozo, un tipo de bigote tupido, nos contó que era "chocotorta de la casa" y que en el pueblo la preparaban desde siempre. Ese primer bocado me quedó grabado: el crocante de los bizcochos, el dulce de leche y el queso crema. Hoy, esa misma torta que comíamos en las rutas santafesinas acaba de poner a la Argentina en el mapa mundial de los postres.
Según un ranking global de tortas de chocolate difundido esta semana, la chocotorta argentina se colgó la medalla de bronce entre las mejores del planeta. El podio lo completan clásicos de la pastelería europea, pero nuestra creación popular, nacida en los '80 en Buenos Aires, demostró una vez más que la simpleza y el producto local pueden competir de igual a igual con elaboraciones de alta cocina.
El origen de la chocotorta es bien criollo. En 1982, un publicista de Bagley tuvo la idea de usar los famosos Chocolinas como base en lugar de hacer una masa. Mezcló queso crema, dulce de leche y un toque de chocolate, y creó un postre sin horno que se armaba en minutos. Lo que empezó como una receta de revista se convirtió en un clásico de cumpleaños, meriendas y reuniones familiares. No necesita horno, sale barata y se puede preparar un martes a la noche sin drama.
El ranking que la puso en el tercer puesto evalúa sabor, textura, originalidad y popularidad. Que una torta sin pretensiones, hecha con galletitas industriales, dulce de leche y queso crema haya superado a tantas propuestas sofisticadas dice mucho de nuestra identidad gastronómica. Es el mismo orgullo que sentimos cuando el fernet con coca se convirtió en un trago global o cuando el asado argentino es imitado en todos los continentes.
Para quienes quieran replicarla en casa, el secreto está en la proporción y en dejarla reposar lo suficiente en la heladera. Los bizcochitos de chocolate deben quedar bien embebidos pero sin desarmarse. El dulce de leche tiene que ser de buena calidad, preferentemente uno regional que tenga ese punto justo de caramelizado. Y el queso crema, bien frío, para que la crema no se corte.
Esta noticia llega en un buen momento para la gastronomía nacional. Mientras el mundo redescubre los postres sin horneado y los sabores reconfortantes, la chocotorta representa exactamente eso: cocina casera, accesible y con historia. No es casualidad que en cada viaje por el interior uno se encuentre con versiones locales que le agregan toques regionales: algunos le ponen café, otros un poco de licor o incluso ralladura de naranja.
La próxima vez que armen una en casa, piensen que esa humilde pila de galletitas y crema está representando al país en un podio internacional. Y si andan por la ruta, no duden en parar cuando vean una en la vidriera de un parador. Detrás de cada porción hay una historia muy nuestra: simple, rica y con gusto a triunfo.