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Tendencias 2026: lo que viene en coctelería y cocina argentina

Del vermú con hierbas patagónicas a fermentados criollos y platos con ingredientes de estación hiperlocales, repasamos las tendencias que marcarán la gastronomía y la barra en 2026.

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Barra con coctelera, jiggers, cítricos cortados y hielo preparados

Viajando por la ruta 40 un invierno del 2018, me detuve en un parador cerca de El Bolsón donde un bartender local preparaba un simple vermú con muña y calafate. Aquel trago, que parecía improvisado, me hizo entender que la coctelería argentina siempre tuvo más que ver con lo que crece al costado del camino que con lo que llega importado. Esa misma lógica es la que hoy, en 2026, está definiendo las tendencias que marcan tanto las barras como las cocinas del país.

Lejos de modas importadas sin contexto, lo que se viene este año tiene un fuerte anclaje en lo regional, lo estacional y lo sostenible. Productores, bartenders y cocineros están cerrando el círculo: del suelo a la copa y al plato, sin escalas innecesarias. Y eso se nota en cada detalle.

Fermentados criollos: el nuevo clásico de la barra

Uno de los movimientos más fuertes es la revalorización de las fermentaciones locales. No se trata de copiar el kombucha o el kefir de moda hace unos años, sino de recuperar procesos que ya usaban nuestros abuelos. Chicha de maíz andino, hidromiel con miel de chañar y hasta garapiña con yerba mate están apareciendo en las cartas de coctelería de autor.

El porqué es simple: estos fermentados aportan acidez natural, complejidad y, sobre todo, identidad. Un bartender de Mendoza me explicaba el otro día que un vermú fermentado con levaduras autóctonas de Malargüe tiene taninos y notas terrosas que ningún producto europeo puede replicar. Esa diferencia no es marketing, es microbiología criolla.

Hiperlocalidad en la cocina: más allá del km 0

En las cocinas, la tendencia va por el lado de ingredientes que antes se consideraban “malezas” o subproductos. Cardo, ortiga, paico y hasta flores de tuna están entrando con fuerza en menús de temporada. La idea no es sorprender al comensal con rarezas, sino recuperar lo que siempre estuvo ahí y que el cambio climático nos obliga a mirar con otros ojos.

Un dato curioso: según datos de INTA, más de 120 especies nativas comestibles que crecen en la Argentina están subutilizadas. Chefs de diferentes provincias están armando redes con pequeños productores para que estas plantas lleguen frescas a sus cocinas. El resultado son platos que cambian según la quincena y según la región, rompiendo con la homogeneidad que reinó durante décadas.

Coctelería baja en alcohol y con vino como protagonista

Otra tendencia clara es la bajada de graduación alcohólica. No por puritanismo, sino por practicidad: queremos disfrutar varias rondas sin terminar con resaca al otro día. Aquí el vino argentino encuentra su lugar estelar. Vermús secos de Torrontés, spritz con Sidra de La Cidra y hasta negronis hechos con vino fortificado de Cafayate están dominando las cartas.

El secreto está en entender el porqué de cada paso: al bajar el alcohol, se potencia la necesidad de complejidad en el resto de los ingredientes. Ahí es donde entran las infusiones con plantas autóctonas, los bitters caseros y los shrubs de frutas de estación. Un buen bartender hoy no solo mezcla, explica el origen de cada elemento que usa.

Productos de mar y río con mirada de futuro

En la costa y en las zonas ribereñas, la tendencia es clara: mayor uso de especies subvaloradas y subexplotadas. Cornalitos, pejerrey, calamar de anzuelo y hasta algas de Mar del Plata están ganando espacio en preparaciones tanto frías como calientes. La coctelería acompaña con tragos marinados o con reducción de algas que aportan umami natural.

Este movimiento no solo alivia la presión sobre especies como el mero o el langostino, sino que cuenta una historia distinta de nuestros ríos y mares. Un chef de Rosario me contaba que usar surubí chico de río Paraná le permite trabajar con un producto más económico y de mejor trazabilidad que muchos pescados importados.

La vuelta del dulce criollo con técnica

En el terreno de los postres y los tragos dulces, se nota un regreso al maíz, la batata y el zapallo en clave sofisticada. No son postres pesados de abuela, sino versiones más livianas que combinan fermentación, texturas y maridajes con licores regionales. Un flan de chañar con bitter de cacao chaqueño puede cerrar una comida tan bien como cualquier petit four europeo.

Lo interesante es que estas preparaciones no requieren equipamiento de alta cocina. Muchos de estos fermentados y dulces se pueden replicar en casa con frascos, paciencia y temperatura ambiente. Eso democratiza la tendencia: no hace falta vivir en Palermo para probarla.

Cerrar este recorrido por las tendencias 2026 me lleva de nuevo a aquellas rutas de la infancia. Mi viejo viajante de comercio siempre decía que lo mejor de cada pueblo estaba en la mesa de la gente local, no en el menú del hotel. Parece que, finalmente, la gastronomía argentina está volviendo a esa mesa.

Si querés empezar a probar estas tendencias en casa, buscá vermús artesanales de pequeñas destilerías patagónicas o mendocinas en tu vinoteca de barrio. Para ingredientes nativos, las ferias francas y los puestos de productores siguen siendo la mejor opción. El futuro de nuestra cocina y coctelería no viene de afuera: crece al costado de la ruta, como siempre.

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