Vísteme despacio que estoy apurado
Ring!!!...Ring!!!...Pi pi pi piiiiiii!!!... Pi pi pi piiiiiiiiiii!!!!!..... Seis de la mañana…. Alerta… Dónde está?... Dónde esta la camisa?!!... los…
Ring!!!...Ring!!!...Pi pi pi piiiiiii!!!... Pi pi pi piiiiiiiiiii!!!!!..... Seis de la mañana…. Alerta… Dónde está?... Dónde esta la camisa?!!... los pantalones?... el cinturón?…!!! Dame el saco… mmm, hoy te salió muy rico el café… El maletín… Dónde está el maletín!!!!!!!????? Chau amor... chau chicos... Hagan caso a mamá… Ya está… estoy afuera Creo que batí mi propio récord… Son las 6:15 y estoy afuera, en la calle… me voy a trabajar. Este ritmo, rápido y furioso, es el compás que marca nuestra rutina diaria. Somos los devoradores de tiempo para poder… para poder, qué cosa?... Si pudiéramos detenernos un solo instante… Ahora por ejemplo… a ver… Usted, o vos… esperá un poco… Aguantá… ¿Qué vas a hacer tan apurado?... Tomate tu tiempo… Sabé que el mañana nunca llega y el ayer ya no está, por lo tanto… tu vida es hoy. Y si es hoy ¿por qué te apurás en dejarla atrás?... Vivimos en un alerta constante… Todo pasa y nada queda. ¿Sabemos el color de las sábanas que tiene nuestra cama hoy?... ¿Nos detuvimos a oler y conocer los colores del almuerzo?... ¿Sabías que pintaron la casa del vecino? ¿A que no sabés de qué color?... Seguro que no. Pues bien, es momento para empezar a bajar los cambios, hacerle unos rebajes a la vida y poder ver qué pasa alrededor nuestro. Esta cuestión de detener el tiempo un poco para nosotros, tiene que ver con una nueva propuesta de vida. Desacelerarnos para conocer dónde estamos parados y aprender a reconocer nuestro entorno a través de los sentidos. Slow food vs. Fast food Esta tendencia también se manifiesta en un nuevo concepto de alimentación: el SLOW FOOD. Sí, justamente lo contrario al FAST FOOD. Hagamos un poco de historia. La comida rápida o fast food no es algo de nuestro siglo. Tuvo orígenes remotos. Ya los romanos hacían unos tentempiés que vendían en las calles para que la gente se alimentara. No eran los Mac César dobles, pero sí una manera de hacer que la gente consumiera alimentos ya preparados. En el siglo XIX, durante las guerras napoleónicas, los mercenarios cosacos solicitaban en los restaurantes franceses que les sirvieran rápido la comida cansando a los propietarios con la palabra bistro (bystro = rápido en ruso) que la repetían y la repetían hasta que eran atendidos. Palabra que luego fue acuñada y hoy la podemos reconocer en los bistró de Palermo Soho o Hollywood, ¿viste? En la actualidad, las multinacionales del fast food han hecho un dogma de su sistema de alimentación. Pero hete aquí el problema. El elevado contenido en grasas, azúcares y sal de sus rápidos y furiosos menús, decretaron un desbalance en la alimentación sobre todo de los adolescente, que lo único que hacen era reclutar ejércitos de posibles obesos, futuros ateroescleróticos y enfermos cardíacos si las condiciones propias de la persona acompañaban. Ni hablar del estrés…. Otro elemento sustantivo para la creación de estos seres condenados a las pastillas y remedios. Me tomo 5 minutos, y me tomo un té Ante esta situación, al final de la década de los ´80, surge el movimiento SLOW FOOD. Su fundador Carlo Petrini, comenzó en Italia la idea de generar una conciencia contraria al fast food. Esto se vio concretado en diciembre de 1989 en la Opera Comique de París en donde varios países participaron, dándole cuerpo a esta organización no gubernamental internacional. La idea: hacer del tiempo un amigo para poder apreciar la calidad del alimento que consumimos. Esta manera de vivir, básicamente promueve la posibilidad de darle a todo su medida temporal necesaria para disfrutar. Menudo trabajo, ¿no? Con respecto a la alimentación, toman como pilares que la misma debe ser BUENA, LIMPIA y JUSTA: BUENA: que nos dé placer al consumirla LIMPIA: elaborada de manera orgánica a través de huertas y sin ningún tipo de elemento químico que fuerce el desarrollo o crecimiento de la materia prima respetando el medio ambiente, el bienestar animal y nuestra salud JUSTA: que aquellos productores que elaboren este tipo de materia prima reciban una remuneración justa y que sean reconocidos por su labor. El slow food alienta volver a las s en cuanto a preparaciones, tomando los elementos disponibles en el lugar y prepararlos como nuestras abuelas…. Ese olor a guiso característico… o esas pastas de los domingos en donde el ritual de la familia era sagrado. En fin, poder sentarse a la mesa con quienes amamos y poder disfrutar de nuestras presencias y de lo que comemos, dándonos el tiempo suficiente para poder impregnarnos mutuamente de esa comunión con la vida. Parece fácil… No lo creo, pero bien vale la pena intentarlo. Prof. Gustavo Arrieta | |
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